El arte de la compasión

“Si quieres que otros sean felices, practica la compasión. Si quieres ser feliz tú, practica la compasión.” Dalai Lama

Así que, parece ser, que el camino hacia la felicidad pasa por la compasión, pero ¿qué entendemos por compasión?

La compasión, del latín cumpassio, significa “sufrir juntos”, es un valor del ser humano que es capaz de comprender la situación del otro conectándose desde un sentimiento espontáneo de solidaridad para responder a sus necesidades. No hay que confundir el concepto de compasión con lástima ya que son diferentes: La lástima es un sentimiento pasivo ya que la persona ve que otro sufre, pero no actúa frente a esta situación.

La investigación actual sugiere que la capacidad humana para la compasión es una característica de base biológica que compartimos con otros miembros del reino animal. Una perspectiva evolutiva sostiene que las comunidades cuyos miembros se cuidan entre sí tienen más probabilidades de sobrevivir y prosperar (Germer y Siegel, 2012). Estos puntos de vista científicos contemporáneos se complementan con los principios de la mayoría de las tradiciones religiosas y espirituales del mundo, que durante mucho tiempo han considerado la compasión como una virtud esencial.

“La verdadera compasión no consiste en desear ayudar a aquellos que son menos afortunados que nosotros, sino en darnos cuenta de nuestro parentesco con todos los seres.” Pema Chodrön

Pero a pesar de la importancia central para la salud y el bienestar de las personas y las sociedades, la compasión es difícil de definir. En la mayoría de los diccionarios encontramos que la compasión tiene dos elementos: por una parte primero se describe generalmente como un sentimiento, el dolor, la tristeza, la angustia o la preocupación por el sufrimiento o la desgracia de otro; el segundo es un deseo de aliviar el sufrimiento. Una dificultad con estas definiciones es la implicación de que debemos sentirnos de “cierta manera” para ser compasivos. Creer esto puede resultarnos problemático ya que si no nos sentimos amables o comprensivos cuando nos enfrentamos al dolor y al sufrimiento, podemos suponer que nos falta compasión, lo que puede llevar a una autocrítica, una reflexión y una evitación inútiles o a apartarse de situaciones en las que se necesita ayuda.

Por ello, las perspectivas budistas y psicológicas toman una visión más matizada de la naturaleza de la compasión, contemplando el hecho de dejar de lado la tendencia a criticarnos por tener reacciones humanas normales ante el dolor y la angustia. Es comprensible sentir ira, miedo o aversión cuando nos encontramos con sufrimiento. Pueden surgir pensamientos críticos. Podemos sentir un fuerte deseo de alejarnos, a pesar de las genuinas aspiraciones de ser compasivo.

En este sentido, resulta útil contemplar también que no es rasgo fijo y que se puede cultivar. La compasión no es algo que tengas o no tengas, sino que puede y deber aprendida y cultivada. La práctica de la atención plena es una forma efectiva de cultivar las habilidades de compasión.

Con el mindfulness desarrollamos la capacidad de reconocer la angustia en nosotros mismos y en los demás y aprendemos a llevar la conciencia a los hábitos reactivos, como la crítica y la negación, cultivando el equilibrio emocional frente al sufrimiento. Además, la atención plena fomenta la aceptación de la realidad del dolor y la angustia, dejando atrás los juicios.

“La comprensión es la sustancia con la que fabricamos compasión.” Thich Nhat Hanh

Otra pregunta interesante es la relación entre la compasión por los demás y la auto-compasión. La investigadora Kristin Neff define la auto-compasión como “el hecho de tratarse a uno mismo con bondad y cuidado, en vez de con juicio, acogiendo los propios sentimientos dolorosos y comprendiendo el sufrimiento como parte de la condición humana común y compartida”. Sentir compasión por uno mismo no es diferente de sentir compasión por los demás. Primero, para experimentar compasión hacia alguien, es necesario notar que está sufriendo. Ignorando su sufrimiento, no podemos sentir compasión por lo difícil de su experiencia. En segundo lugar, sentir compasión involucra sentirse movido a aliviar ese sufrimiento de alguna manera. Compasión además significa ofrecer comprensión y bondad cuando alguien falla o comete errores, en lugar de juzgarlo con dureza.

Al sentir compasión nos damos cuenta de que el sufrimiento, el fracaso y la imperfección son parte de la experiencia humana compartida.

Autocompasión es actuar con esa misma actitud cuando somos nosotros quienes atravesamos momentos difíciles, fallamos, o notamos que algo no nos gusta de nosotros mismos. En lugar de ignorar el dolor, decimos, ¿cómo puedo calmarme y cuidarme en este momento? En lugar de juzgarnos y criticarnos sin piedad por nuestras deficiencias, autocompasión significa ser amables cuando nos enfrentamos con fallos personales.

 

 

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