El arte de conectar con tu respiración

La respiración representa un papel fundamental tanto en la meditación como en la sanación. El hecho de que se trate de un proceso rítmico y que cambia todo el tiempo hace que cobre más importancia, si cabe, en mindfulness. Al concentrarte en la respiración, cuando meditas, aprendes a sentirte cómodo con el cambio. Sintonizar con ella te lleva directamente al aquí y ahora.

La manera más fácil y eficaz de comenzar a practicar la atención plena consiste sencillamente en concentrar tu atención en la respiración y ver qué sucede mientras intentas mantenerla ahí, en conectar deliberadamente con las sensaciones que provienen de ella. Pero es necesario que te aproximes con amabilidad e interés, que la atención se pose en la respiración como lo hace una hoja sobre la superficie de un estanque, y permanecer en contacto con ella durante cada inspiración, exhalación y cada pausa, con su ascenso y su descenso, en todos y cada uno de sus movimientos.

No se trata de pensar en la respiración ni en sus sensaciones, sino tan sólo de sentirla, de entregarte por completo a las sensaciones de la respiración, instante, tras instante, tras instante. Y del mismo modo que hacemos con  otras prácticas, vuelves una y otra vez a la respiración, amablemente, cada vez que tu mente se desvíe.

Cuando te entregas de ese modo a la respiración y cuando diriges y mantienes la atención instante tras instante, la sensación de un observador observando cómo respira acaba disolviéndose en la respiración.

Existen diferentes lugares en tu cuerpo en los que puedes observar la respiración. Uno de ellos es la nariz, donde puedes concentrarte en cómo entra y sale el aire, en las sensaciones del aire al pasar por ella. Otro lugar al que puedes llevar tu atención es el pecho, donde puedes centrarte en cómo se expande y se contrae o llevar tu atención al estómago y a cómo éste se hincha y se deshincha como un océano.

Con independencia del lugar que elijas, la idea es que prestes atención de las sensaciones que acompañan a tu respiración en ese lugar concreto y la mantengas en cada momento.

No tienes que pensar en la respiración sino sentirla. Tampoco tienes que cambiar sus pautas y ritmos, ni hacerla más profunda, sino dejarla ser tal y como es en cada momento.

“La respiración consciente es como beber un vaso de agua fría. Conforme inspiramos, sentimos verdaderamente el aire llenando nuestros pulmones. No necesitamos controlar nuestra respira­ción. Sentimos la respiración tal como es. Puede ser larga o corta, profunda o superficial. A la luz de nuestra consciencia, la respiración se irá haciendo de forma natural más lenta y más profunda. La respiración consciente es la clave para unir cuerpo y mente y traer la energía de la plena consciencia a cada momento de nuestra vida”. Thich Nhat Hanh

Como dice Jon Kabat- Zinn, en la meditación la respiración actúa para tu atención como si fuera un ancla. Al sintonizarla con cualquier parte que sientas del cuerpo te permite arrojar bajo la superficie las agitaciones de la mente, y convertirlas en relajación calma y estabilidad. La agitación permanece en la superficie al igual que las olas lo hacen sobre la superficie del mar, pero te pones proa al viento y te proteges de su soplo y de los efectos producidos por la tensión. Se trata de un sistema sumamente efectivo para la localización de un centro de paz dentro de ti mismo y aumenta la estabilidad general de tu mente.

Puedes prestar este tipo de atención en cualquier momento del día convirtiéndolo en un momento de meditación, orientándote hacia el presente y hacia tu cuerpo.

 

Esther Fernández

No Comments

Post A Comment