El Arte de la atención plena: una forma de ser

“Tengamos presente, por encima de todo, que la meditación es una forma de ser o una forma de ver, una forma de percibir y hasta una forma de amar”.

No es de extrañar que quienes tan sólo conocen la meditación a través de lo que dicen los medios de comunicación, crean que la meditación es, básicamente, algo que  se asemeja a pulsar una especie de interruptor cerebral orientado a dejar la mente en blanco. Esta perspectiva cree que acabar con el pensamiento, implica acabar con las preocupaciones y verse mágicamente catapultado al estado “meditativo’’. Esta visión es equivocada al igual que otros malentendidos muy habituales sobre la meditación, comencemos aclarándolos:

La meditación no es una técnica ni una colección de técnicas, sino una forma de ser.  

Esto no quiere decir que no existan métodos y técnicas relacionados con la práctica de la meditación, y lo cierto es que nos servimos de ellos. Pero si no entiendes que las técnicas son vehículos orientadores que apuntan a formas de ser, a modos de ser de nuestra mente y de nuestra experiencia en el momento presente, te pierdes fácilmente en las técnicas y en intentos de utilizarlas para llegar a alguna parte y experimentar algún resultado o estado especial que has considerado como su objetivo. Esta forma de entender las cosas puede llegar a obstaculizar muy seriamente tu comprensión de la riqueza de la práctica de la meditación y de lo que te ofrece.

Tengamos presente, por encima de todo, que la meditación es una forma de ser o una forma de ver, una forma de percibir y hasta una forma de amar.

La meditación no es otra forma de hablar de la relajación.

La meditación va acompañada, frecuentemente, de estados profundos de relajación y de sensaciones de bienestar, paz,  calma, intuición, sabiduría, compasión profunda…

Pero la meditación, también, puede estar saturada de pensamientos, preocupaciones y aflicciones mentales que afectan a los seres humanos.

“Lo importante no es el contenido de la experiencia, sino la conciencia de ese contenido y, aún más, la conciencia de los factores que promueven su desarrollo y el modo en que nos liberan o encadenan instante tras instante, día a día”.

La atención plena consiste en abrazar todos y cada uno de los estados que emergen en nuestra conciencia, sin inclinarnos por uno en detrimento de los demás.”

Desde el punto de vista de la práctica de la atención plena, el dolor, la angustia y hasta el aburrimiento, la impaciencia, la frustración, la ansiedad y la tensión corporal son objetos igualmente válidos de tu práctica si les prestas atención en el mismo momento en que aparecen. A fin de cuentas, cada uno te proporciona una ocasión para la comprensión y el aprendizaje y, en última instancia, para la liberación.

Por lo tanto, no deberías considerar los estados que no vayan acompañados de relajación como pruebas de una práctica meditativa “equivocada”.

“La meditación es una forma de ser adaptada a las circunstancias en que nos hallamos en todos y cada uno de los instantes de nuestra vida.”

Si estás atrapado en tu propia actividad mental, no podrás estar presente de la manera adecuada e incluso, quizás, no puedas estar presente en modo alguno. Te des cuenta o no cuenta de ello, tu agenda oculta tiñe todo lo que haces.

Esto no quiere decir que, cuando estás atentos, desaparezcan todos los contenidos -a veces caóticos, turbulentos, dolorosos o confusos- que revolotean de manera natural por tu mente. No debes dejarte atrapar por esas cosas ni permitir que distorsionen tu capacidad de registrar el abanico completo de lo que ocurre y lo que ello exige de ti, ni que distorsionen tu percepción hasta el punto de ignorar lo que realmente ocurre y lo que, al respecto, debes hacer.

“El rasgo distintivo de esa modalidad de ser a la que llamamos meditación es el no apego y, en consecuencia, la percepción clara y la predisposición a responder adecuadamente a cualquier circunstancia que se nos presente”.

La meditación no tiene nada que ver con el logro de algo especial

No tienes que esforzarte en alcanzar un determinado resultado que satisfaga tus deseos y expectativas. Y es que, por más claro que lo tengas, hay veces en que esa noción puede presentarse y, en esos momentos, debes recordar la necesidad de abandonar esos conceptos y deseos y tratarlos como a cualquier otro pensamiento que aparezca en nuestra mente, recordar la necesidad de no aferrarte a nada y quizás advertir incluso que se trata de construcciones esencialmente vacías de lo que podríamos llamar la mente deseante.

 

La meditación no es una herramienta para “controlar o tener” determinados pensamientos.

Esta noción encierra una cierta verdad, en el sentido de que hay formas concretas de meditación discursiva que apuntan al cultivo de cualidades concretas (como la bondad y la ecuanimidad) y de emociones positivas (como la alegría y la compasión), nuestras expectativas sobre la meditación suelen obstaculizar la puesta en práctica de lo que más necesitamos e impedirnos experimentar el momento presente tal cual es, en lugar del modo en que queremos verlo, con la mente y el corazón abiertos.

Porque la meditación -y, muy especialmente, la meditación de la atención plena- no tiene nada que ver con pulsar un interruptor que nos catapulte a otro lugar, que nos despoje de determinados pensamientos y nos ayude a cultivar otros, ni con poner la mente en blanco o permanecer tranquilos y relajados.

“La meditación es, en realidad, un gesto interno que permite que nuestro corazón y nuestra mente (considerados como una totalidad) cobren conciencia del espectro completo del momento presente tal cual es, aceptando todo lo que se presente por el simple hecho de que está sucediendo, en una actitud interna que la psicoterapia ha calificado como aceptación incondicional”.

Y hay que decir, que se trata de algo muy difícil, sobre todo en el caso de que lo que ocurra no concuerde con tus expectativas, deseos y fantasías, que parecen ser inagotables y pueden, aunque sea de un modo muy sutil y casi imperceptible, llegar a teñirlo todo, especialmente en lo que se refiere a la práctica de la meditación y a cuestiones relacionadas con el progreso y el logro.

La meditación no tiene nada que ver con tratar de llegar a un determinado lugar

No se trata de llegar a un lugar determinado sino de permitirte estar precisamente donde estás tal y como estás y que, en ese mismo instante, el mundo sea también exactamente tal cual es. Y esto no resulta nada sencillo porque, mientras permanezcas dentro del ámbito del pensamiento, siempre encontrarás defectos.

Con ello no estamos negando la importancia de la aspiración a cambiar las cosas, mejorar la vida y transformar el mundo. De hecho, todas ellas son posibilidades muy reales porque, al meditar, sentarnos y permanecer en silencio, podemos transformarnos a nosotros mismos y al mundo y, en cierta manera -pequeña pero no, por ello, insignificante-, todos esos cambios están ya teniendo lugar.

“Lo paradójico es que sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos y al mundo si salimos, aunque sólo sea unos instantes, de nosotros mismos y permitimos que las cosas sean tal como son, sin perseguir nada, especialmente aquellos objetivos que son el mero producto de nuestro pensamiento. Einstein lo dijo de una manera muy convincente: «La mente que crea los problemas es incapaz de encontrar una solución válida a esos mis mos problemas»,

Esto significa que debes desarrollar y ejercitar tu mente y sus capacidades para ver, conocer, reconocer y trascender los motivos, conceptos y hábitos inconscientes que puedan haber generado los problemas en que te hallas inmerso. Y todo ello requiere de una mente que tenga una motivación diferente y vea y conozca de un modo nuevo o, dicho de otro modo, de nuestra mente intacta, original y no condicionada.

¿Cómo puedes hacer esto?

Precisamente saliendo, aunque sólo sea por unos instantes, de tu camino, saliendo de los cauces habituales del pensamiento y sentándote a descansar en las cosas tal y como son más allá de tus pensamientos, lo que significa permanecer durante unos instantes en lo que es y confiar, aunque carezca de sentido para nuestra mente pensante, en lo más profundo y mejor de nosotros mismos.

Uno es mucho más que la suma de sus pensamientos, ideas y opiniones, incluido lo que digan sus pensamientos acerca de quién es.

Cualquier estado mental es, desde el punto de vista de la conciencia, un estado meditativo. Por ello, en este sentido, la ira y la tristeza son tan interesantes y valiosas como el entusiasmo o el gozo y mucho más, por cierto, que la mente en blanco o que la mente insensata (es decir, la mente desconectada de los sentidos). Todos los estados mentales y corporales, desde la ira hasta el miedo, el terror, la tristeza, el resentimiento, el entusiasmo, el gozo, la confusión, el disgusto, el desprecio, la ansiedad, la envidia, la rabia y aun el embotamiento, la duda y la apatía son verdaderas ocasiones para conocerte mejor a ti mismo, siempre y cuando puedas detenerte, mirar y oír o, dicho en otras palabras, siempre y cuando vuelvas a los sentidos y establezcas contacto inmediato con lo que, en todos y cada uno de los instantes, se halle presente en tu conciencia. Tal vez entonces te des cuenta de que siempre está ocurriendo algo muy especial, es decir, de que la vida siempre está desplegándose, instante tras instante, como conciencia.

 

Fuente: La práctica de la atención plena, Jon Kabat-Zinn

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